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Blanca Alanís

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“El Poder de una bendición”

viernes, 17 de octubre de 2014
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Bendecir es pedir que el bien llegue. Basados en esta aseveración, es importante que como seres humanos pensantes e inteligentes que somos, decidamos traer y a-traer hacia nosotros lo mejor en todas las áreas de nuestra vida.

A veces por cuestiones culturales y/o religiosas creemos que no somos merecedores de los bienes materiales y espirituales que existen.

Pienso que el no hacerlo es como saber que en nuestra casa existen los cables necesarios de electricidad para darnos luz durante la oscuridad y nosotros decidimos no jalar el interruptor para encenderla.

A veces nuestra ignorancia, falta de conocimiento o creencia de “no merezco” por ser una persona sencilla y humilde, desvirtuamos las grandes promesas de merecimiento.

Aquí es importante recalcar que para aceptar y tener el derecho de encender el interruptor que nos abastece la casa de electricidad, es importante pagar una cuota establecida por las leyes humanas para seguir recibiéndola.

Igual pasa con las leyes espirituales, para seguir recibiendo la abundancia y prosperidad es importante respetar las leyes del universo como el dar y recibir, lo que siembras cosechas, ayudar a otros a lograr sus anhelos, no juzgar, no maldecir, transformar nuestra envidia en deseo de triunfo para el otro, vaciar nuestras gavetas de resentimientos por sentimientos de humildad y perdón etc.

Cuando elegimos bendecir a la gente y a las circunstancias a nuestro alrededor. Así como la luz elimina la obscuridad cuando permitimos que fluya la electricidad, así fluye el bien inherente en una situación para eliminar nuestras limitadas percepciones del mal.

A medida que bendecimos a todos y a todo, permitimos que esta verdad superior de la Bondad Universal, fluya hacia todos los aspectos de nuestra vida, poniendo inmediatamente nuestra mente y nuestra alma en contacto consciente con lo Divino.

Como resultado, lo bueno se incrementa y lo que pensábamos que eran fallas empiezan a disolverse.

Entre mayores bendiciones brindemos, mayor es la corriente de bien inherente que comienza a fluir, derramando luz en cada esquina que antes se encontraba obscurecida por nuestra percepción.

Cada mal o falla percibida desaparece, cada limitante se desvanece y cada situación, mejora. A través de nuestras bendiciones, asumimos nuestro poder y, cuando nos sentimos poderosos ante cualquier mal al que nos enfrentemos, el mal, como la obscuridad al toparse con la luz, no tiene otra opción que desaparecer.

Para aquellos de nosotros que elijamos seguir el Camino de las Bendiciones hacia la Prosperidad, es muy importante que recordemos frecuentemente que el bien está presente aún cuando no podamos verlo.

Requerimos aprender a ver los obstáculos en el camino como peldaños, y entender que cada condición externa, sin importar que tan permanente e imposible parezca, puede cambiar y cambiará hacia lo positivo, siempre y cuando busquemos todo lo bueno.

Si estás en el proceso de bendecir, mantente en él, no seamos incongruentes en enviar una bendición cuando un momento antes enviamos de manera irónica una puya de sarcasmo para luego con la más falsa palabra decir… “Pero que Dios lo bendiga!” La naturaleza Divina es muy sabia y no se le puede ocultar la intención que va detrás de unas palabras.

Si vas a bendecir, pídele a tu corazón que te acompañe y entonces si, para ti, Bendecir es pedir que llegue el bien.

 

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